Ubicación

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PARROQUIA SAN AGUSTÍN

Horacio 921, esquina Musset, Col. Polanco,
C. P. 11550, Deleg. Miguel Hidalgo, México, D. F.

Tels. (55) 52-50-53-73 / (55) 52-50-57-44.
Arquidiócesis Primada de México

 

Ubicación respecto a la estructura civil

El templo parroquial de San Agustín es uno de los monumentos más emblemáticos de la Colonia Polanco, lugar donde convergen conjuntos residenciales, comerciales y corporativos. Esta colonia es parte de la Delegación Miguel Hidalgo, al poniente de la ciudad de México.

Son muy conocidas en esta colonia las calles Horacio y Homero, que se extienden paralelamente desde la calzada Mariano Escobedo al oriente hasta el Anillo Periférico al poniente. Justo en el centro de este camino, en la esquina de Musset, se encuentra nuestra parroquia, frente a la glorieta-parque "América", con el que forma un conjunto bien conocido por los habitantes y visitantes del barrio de Polanco.

En transporte públco se puede llegar desde la estación "Polanco", de la línea 7 del Metro (línea naranja), que se encuentra a siete calles de la Parroquia.

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Ubicación respecto a la Arquidiócesis de México

La Parroquia de San Agustín pertenece al II Decanato de la II Vicaría Episcopal "Cristo Rey".

La Arquidiócesis de México, por su extensión y complejidad, está dividida en ocho Zonas Pastorales o Vicarías Episcopales. Se llaman así porque cada una de ellas está presidida por un Vicario Episcopal (o Vicario del Obispo). El Obispo titular de nuestra Arquidiócesis de México es el Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, pero su Vicario  en nuestra II Zona Pastoral es el Sr. Obispo Carlos Briseño Arch. El sitio web de nuestra Vicaría es www.2vicaria.org.mx.

A su vez, cada vicaría está dividida en varios decanatos (seis en el caso de la nuestra). Técnicamente, un decanato estaría formado por diez parroquias vecinas (deca=diez), pero en la práctica este número varía según las necesidades de organización de cada uno de ellos.

 

Ubicación respecto a la Orden de San Agustín

Nuestra parroquia es atendida por una comunidad de sacerdotes agustinos. 

Nuestra comunidad de San Agustín, Col. Polanco, pertenece a la zona D. F. de la Provincia Agustiniana de Michoacán, de la Orden de San Agustín.

La Orden de San Agustín en el mundo está organizada en "provincias" o regiones. En México existen dos provincias de la Orden de San Agustín: Provincia de México y Provincia de Michoacán. Los sacerdotes de nuestra comunidad pertenecen a la Provincia de Michoacán.

Ahora bien, el nombre de "Provincia de Michoacán" obviamente no limita el alcance de nuestro trabajo pastoral a ese estado de la República. La provincia a su vez se divide en tres grandes zonas: Bajío, Norte y D. F. En muchas ciudades de estas tres zonas del país se distribuye la labor evangelizadora de los frailes agustinos de Michoacán.

 

Doctor de la Iglesia - Magisterio de San Agustín, Obispo

Texto de San Agustín para vivir la Cuaresma (1) De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo



De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos San Agustín, de las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos.

Es necesario poner al descubierto los artificios de los maniqueos. Dos artificios que principalmente utilizan para seducción de los ignorantes.

I.1. He tratado suficientemente, a mi parecer, en otros libros sobre el modo de rebatir los ataques que, con tanta impiedad como ineptitud, dirigen los maniqueos contra la Ley o Viejo Testamento, y como es vana la jactancia que ellos afectan en medio de los aplausos del vulgo ignorante. De lo cual puedo también aquí hacer brevemente mención. ¿Qué hombre, por poco razonable que sea, no comprenderá que para la interpretación de las Escrituras se ha de acudir a los que tienen profesión de enseñarlas, y que puede suceder, o mejor dicho, sucede siempre, que muchos pasajes parezcan ridículos a inteligencias poco desarrolladas, mientras que, si hombres más sabios los explican, aparecen admirables y se reciben con tanta mayor satisfacción cuanto se ve era más difícil descubrir el pensamiento? Esto es lo que pasa con alguna frecuencia en los libros santos del Testamento Antiguo cuando el que encuentra allí materia de escándalo se dirige a un doctor piadoso, más bien que a un impío censor, y con tal que desee más averiguar que no satirizar. En su deseo de instruirse podrá quizás dar con obispos, sacerdotes y otros ministros de la Iglesia católica que se guarden con cautela de descubrir a todos indistintamente nuestros misterios o con quienes, contentos con la sencillez de la fe, no se imponen el sacrificio de sondear sus profundos secretos. Pero no deben nunca desesperar de encontrar allí la verdad, donde ni todos los que la exigen son capaces de enseñarla, ni todos los que la piden son siempre dignos de aprenderla Dos cosas son necesarias: diligencia y piedad; la primera nos conducirá a los que verdaderamente posean 1a ciencia y la otra nos hará merecedores de adquirida.

Entendamos la gracia de Dios Del comentario de San Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas (Prefacio: PL 35, 2105-2107)

El motivo por el cual el Apóstol escribe a los gálatas es su deseo de que entiendan que la gracia de Dios hace que no estén ya sujetos a la ley. En efecto, después de haberles sido anunciada la gracia del Evangelio, no faltaron algunos, provenientes de la circuncisión, que, aunque cristianos, no habían llegado a comprender toda la gratuidad del don de Dios y querían continuar bajo el yugo de la ley; ley que el Señor Dios había impuesto a los que estaban bajo la servidumbre del pecado y no de la justicia, esto es, ley justa en sí misma que Dios había dado a unos hombres injustos, no para quitar sus pecados, sino para ponerlos de manifiesto; porque lo único que quita el pecado es el don gratuito de la fe, que actúa por el amor. Ellos pretendían que los gálatas, beneficiarios ya de este don gratuito, se sometieran al yugo de la ley, asegurándoles que de nada les serviría el Evangelio si no se circuncidaban y no observaban las demás prescripciones rituales del judaísmo.

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