Arquidiócesis de México y Tlanepantla tienen nuevos obispos auxiliares

Benedicto XVIEl sacerdote Crispín Ojeda Márquez fue nombrado hoy por el Papa Benedicto XVI, nuevo obispo auxiliar para la Arquidiócesis de México, mientras que el padre Efraín Mendoza Cruz recibió el mismo nombramiento para la Arquidiócesis de Tlanepantla.

Monseñor Ojeda Márquez, miembro del clero de la Diócesis de Colima, recibió la designación de la sede titular de Dumio, según informó la Santa Sede.

El nuevo Obispo Auxiliar para la Arquidiócesis de México nació el 19 de noviembre de 1952 en Tecomán, Colima, y es el mayor de 11 los hijos de don J. Jesús Ojeda Pacheco y doña Anita Márquez Villegas.

Fue ordenado presbítero el 27 de diciembre de 1979 en su natal Tecomán y, hasta la fecha ha ejercido su ministerio sacerdotal como vicario parroquial y párroco en diferentes parroquias de esa demarcación.

Realizó la licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, siendo alumno del Pontificio Colegio Mexicano del 1 de septiembre de 1990 al mes de agosto de 1992.

Fue rector del Seminario Diocesano de Colima, y al mismo tiempo Moderador de la Comunidad de Filosofía y Prefecto de Estudios del mismo Seminario, de septiembre de 1992 al 14 de agosto de 2000.

Entre otros cargo, también se ha desempeñado como asesor diocesano de la Pastoral de la Juvenil, Secretario de Liturgia, Música y Arte Sacro, miembro del Equipo Diocesano de Formación Permanente y de la catequesis de Adultos, así como miembro del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Colima.

Hasta la fecha Mons. Ojeda Márquez se desempeñaba como párroco del Inmaculado Corazón de María en Colima y coordinador de la Zona Pastoral Centro.

Por su parte, el nuevo Obispo Auxiliar de Tlanepantla, Mons. Mendoza Cruz, fue asignado por el Papa Benedicto XVI  a la sede titular de Dumio.

Monz. Mendoza Cruz, quien hasta la fecha era el rector del Seminario Mayor de Tlanepantla, nació en Tlalnepantla el 24 de noviembre de 1959 y fue ordenado sacerdote el 18 de octubre de 1988.

Además de los estudios de filosofía y teología, realizó especialidades en Pastoral Social  y Catequesis.

Ha desempeñado su ministerio como formador del Seminario Menor y del Mayor de la Diócesis de Tlanepantla, Vicario Episcopal de la III Zona Pastoral, párroco en varias iglesias y coordinador de la Pastoral Profética Diocesana y de la Provincia Eclesiástica.

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siame.com
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Doctor de la Iglesia - Magisterio de San Agustín, Obispo

Texto de San Agustín para vivir la Cuaresma (1) De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo



De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos San Agustín, de las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos.

Es necesario poner al descubierto los artificios de los maniqueos. Dos artificios que principalmente utilizan para seducción de los ignorantes.

I.1. He tratado suficientemente, a mi parecer, en otros libros sobre el modo de rebatir los ataques que, con tanta impiedad como ineptitud, dirigen los maniqueos contra la Ley o Viejo Testamento, y como es vana la jactancia que ellos afectan en medio de los aplausos del vulgo ignorante. De lo cual puedo también aquí hacer brevemente mención. ¿Qué hombre, por poco razonable que sea, no comprenderá que para la interpretación de las Escrituras se ha de acudir a los que tienen profesión de enseñarlas, y que puede suceder, o mejor dicho, sucede siempre, que muchos pasajes parezcan ridículos a inteligencias poco desarrolladas, mientras que, si hombres más sabios los explican, aparecen admirables y se reciben con tanta mayor satisfacción cuanto se ve era más difícil descubrir el pensamiento? Esto es lo que pasa con alguna frecuencia en los libros santos del Testamento Antiguo cuando el que encuentra allí materia de escándalo se dirige a un doctor piadoso, más bien que a un impío censor, y con tal que desee más averiguar que no satirizar. En su deseo de instruirse podrá quizás dar con obispos, sacerdotes y otros ministros de la Iglesia católica que se guarden con cautela de descubrir a todos indistintamente nuestros misterios o con quienes, contentos con la sencillez de la fe, no se imponen el sacrificio de sondear sus profundos secretos. Pero no deben nunca desesperar de encontrar allí la verdad, donde ni todos los que la exigen son capaces de enseñarla, ni todos los que la piden son siempre dignos de aprenderla Dos cosas son necesarias: diligencia y piedad; la primera nos conducirá a los que verdaderamente posean 1a ciencia y la otra nos hará merecedores de adquirida.

Entendamos la gracia de Dios Del comentario de San Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas (Prefacio: PL 35, 2105-2107)

El motivo por el cual el Apóstol escribe a los gálatas es su deseo de que entiendan que la gracia de Dios hace que no estén ya sujetos a la ley. En efecto, después de haberles sido anunciada la gracia del Evangelio, no faltaron algunos, provenientes de la circuncisión, que, aunque cristianos, no habían llegado a comprender toda la gratuidad del don de Dios y querían continuar bajo el yugo de la ley; ley que el Señor Dios había impuesto a los que estaban bajo la servidumbre del pecado y no de la justicia, esto es, ley justa en sí misma que Dios había dado a unos hombres injustos, no para quitar sus pecados, sino para ponerlos de manifiesto; porque lo único que quita el pecado es el don gratuito de la fe, que actúa por el amor. Ellos pretendían que los gálatas, beneficiarios ya de este don gratuito, se sometieran al yugo de la ley, asegurándoles que de nada les serviría el Evangelio si no se circuncidaban y no observaban las demás prescripciones rituales del judaísmo.

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