En busca de respuestas.

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“...José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo: "Señor ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para el bien de todos los pueblos; luz que alumbra las naciones y gloria de tu pueblo Israel". (Evangelio de San Lucas 2, 27-32)

Iniciamos este mes de febrero, como lo hacemos tradicionalmente, celebrando la fiesta de la Presentación del Señor, conocida popularmente como La Candelaria. Quizás el aspecto más espiritual y conmovedor de esta celebración sea el menos conocido, al menos a nivel popular: Candelaria = Candela = Luz.

Cuando Jesús fue presentado por sus padres en el templo (Lc. 2, 22-35), tal vez para la mayoría de la gente pasó desapercibido, pero no para algunas personas que tuvieron la suficiente sensibilidad para ver en ese niño aparentemente común la verdadera Luz que alumbra a las naciones.

El pueblo de Israel, en ese momento de opresión por el yugo romano, hablaba por todas partes de la llegada del mesías, de la acción salvadora de Dios. Esperaban una intervención majestuosa de Dios, espectacular. Dios, por su parte, estaba cumpliendo esas promesas en situaciones aparentemente ordinarias. La Sagrada Familia presenta al niño en el templo y, así, la gloria del Señor caminaba en medio de su pueblo y entró en su santuario.

Sabemos que el hombre de hoy tiene muchas preguntas e inquietudes. A veces parece que las tinieblas rodean el mundo entero. Parece que la humanidad camina a tientas, en un terreno que además no parece nada firme. El hombre es un ser en continua búsqueda. Lo importante al hacer las preguntas es no cerrarse a las respuestas. Los cristianos tenemos la firme convicción de que en ese niño de Nazaret, en ese joven inquieto y preocupado por las cosas de su padre, en ese adulto que caminó entre nosotros, que murió y se levantó del sepulcro, Dios ha dado una respuesta definitiva a todas nuestras preguntas. Cada ser humano debe acercarse con honestidad y humildad si quiere encontrar esas respuestas. El hombre que busca la Verdad, no queda defraudado si encuentra a Cristo. A lo largo de este mes nos daremos cuenta de cómo el ritmo de la liturgia nos va conduciendo a descubrir a Cristo, verdaderamente, como la Luz del Mundo, que nos permite encontrar la senda por la cual puede transitarse con seguridad, y encontrar respuestas a las preguntas más profundas.

¿Tenemos también nosotros la sensibilidad de reconocerle, más que en hechos mágicos y espectaculares, en las cosas sencillas?

Ése es Jesús de Nazaret. ¿Lo conoces?

 

 

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Doctor de la Iglesia - Magisterio de San Agustín, Obispo

Texto de San Agustín para vivir la Cuaresma (1) De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo



De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos San Agustín, de las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos.

Es necesario poner al descubierto los artificios de los maniqueos. Dos artificios que principalmente utilizan para seducción de los ignorantes.

I.1. He tratado suficientemente, a mi parecer, en otros libros sobre el modo de rebatir los ataques que, con tanta impiedad como ineptitud, dirigen los maniqueos contra la Ley o Viejo Testamento, y como es vana la jactancia que ellos afectan en medio de los aplausos del vulgo ignorante. De lo cual puedo también aquí hacer brevemente mención. ¿Qué hombre, por poco razonable que sea, no comprenderá que para la interpretación de las Escrituras se ha de acudir a los que tienen profesión de enseñarlas, y que puede suceder, o mejor dicho, sucede siempre, que muchos pasajes parezcan ridículos a inteligencias poco desarrolladas, mientras que, si hombres más sabios los explican, aparecen admirables y se reciben con tanta mayor satisfacción cuanto se ve era más difícil descubrir el pensamiento? Esto es lo que pasa con alguna frecuencia en los libros santos del Testamento Antiguo cuando el que encuentra allí materia de escándalo se dirige a un doctor piadoso, más bien que a un impío censor, y con tal que desee más averiguar que no satirizar. En su deseo de instruirse podrá quizás dar con obispos, sacerdotes y otros ministros de la Iglesia católica que se guarden con cautela de descubrir a todos indistintamente nuestros misterios o con quienes, contentos con la sencillez de la fe, no se imponen el sacrificio de sondear sus profundos secretos. Pero no deben nunca desesperar de encontrar allí la verdad, donde ni todos los que la exigen son capaces de enseñarla, ni todos los que la piden son siempre dignos de aprenderla Dos cosas son necesarias: diligencia y piedad; la primera nos conducirá a los que verdaderamente posean 1a ciencia y la otra nos hará merecedores de adquirida.

Entendamos la gracia de Dios Del comentario de San Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas (Prefacio: PL 35, 2105-2107)

El motivo por el cual el Apóstol escribe a los gálatas es su deseo de que entiendan que la gracia de Dios hace que no estén ya sujetos a la ley. En efecto, después de haberles sido anunciada la gracia del Evangelio, no faltaron algunos, provenientes de la circuncisión, que, aunque cristianos, no habían llegado a comprender toda la gratuidad del don de Dios y querían continuar bajo el yugo de la ley; ley que el Señor Dios había impuesto a los que estaban bajo la servidumbre del pecado y no de la justicia, esto es, ley justa en sí misma que Dios había dado a unos hombres injustos, no para quitar sus pecados, sino para ponerlos de manifiesto; porque lo único que quita el pecado es el don gratuito de la fe, que actúa por el amor. Ellos pretendían que los gálatas, beneficiarios ya de este don gratuito, se sometieran al yugo de la ley, asegurándoles que de nada les serviría el Evangelio si no se circuncidaban y no observaban las demás prescripciones rituales del judaísmo.

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