Construyamos la libertad.

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Con motivo de las fiestas patrias queremos enviar un saludo a todos nuestros feligreses y lectores. Nos congratulamos de formar parte de esta gran nación, con todas sus cosas hermosas y sus dificultades, y nos comprometemos a seguir construyendo la verdadera libertad a la que todos estamos llamados. Esa verdadera libertad no es algo consumado plenamente, sino que caminamos juntos hacia ella, sumando y restando a su construcción con las decisiones de todos los días.

La libertad es un don que, si bien nos ha sido entregado como una semilla por quienes nos precedieron en la vida, también debe ser recibida, cuidada, alimentada y construida por nosotros, todos los días.

Es por ello que creemos sumamente necesario infundir ánimo sobre todas las personas que se encuentran en situaciones difíciles dentro de nuestra Patria: las víctimas de la violencia y de la injusticia, las personas a las que las circunstancias las han llevado a pensar que no hay motivos para celebrar. Sobre todo a ellos queremos infundir ánimo y ofrecer nuestro mejor esfuerzo para contribuir en la creación de la sociedad que anhelamos. Aunque en ocasiones el panorama luce francamente desalentador, mientras más amenace la oscuridad, más fuerte será nuestro empeño por ser luz que rechace las tinieblas. 

Desde nuestra trinchera como miembros de una comunidad de personas de fe, sabemos que aunque la historia esté marcada en gran parte por el egoísmo humano, es una historia que nos llama a vivir en la libertad, que se alcanza solamente a través de decisiones libres, apostando siempre al bien, por más difícil que resulte. “Amar hasta que duela”, recordamos a propósito de este tema y de la canonización de la Madre Teresa de Calcuta este domingo 4 de septiembre.

Sabemos que la historia ya está ganada por Aquél que venció el mal en un acto sublime de la libertad, ofrendando su vida por nosotros y mostrándonos el camino hacia la resurrección. Con Él y con todos sus amigos, los santos, nosotros ofrecemos también nuestra vida con gratitud, para indicar a otros ese camino.

¡Felicidades!

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Doctor de la Iglesia - Magisterio de San Agustín, Obispo

Texto de San Agustín para vivir la Cuaresma (1) De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

En Cristo fuimos tentados, en él vencimos al diablo



De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos (Salmo 60, 2-3: CCL 39, 766)

De las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos San Agustín, de las costumbres de la Iglesia Católica y de las costumbres de los maniqueos.

Es necesario poner al descubierto los artificios de los maniqueos. Dos artificios que principalmente utilizan para seducción de los ignorantes.

I.1. He tratado suficientemente, a mi parecer, en otros libros sobre el modo de rebatir los ataques que, con tanta impiedad como ineptitud, dirigen los maniqueos contra la Ley o Viejo Testamento, y como es vana la jactancia que ellos afectan en medio de los aplausos del vulgo ignorante. De lo cual puedo también aquí hacer brevemente mención. ¿Qué hombre, por poco razonable que sea, no comprenderá que para la interpretación de las Escrituras se ha de acudir a los que tienen profesión de enseñarlas, y que puede suceder, o mejor dicho, sucede siempre, que muchos pasajes parezcan ridículos a inteligencias poco desarrolladas, mientras que, si hombres más sabios los explican, aparecen admirables y se reciben con tanta mayor satisfacción cuanto se ve era más difícil descubrir el pensamiento? Esto es lo que pasa con alguna frecuencia en los libros santos del Testamento Antiguo cuando el que encuentra allí materia de escándalo se dirige a un doctor piadoso, más bien que a un impío censor, y con tal que desee más averiguar que no satirizar. En su deseo de instruirse podrá quizás dar con obispos, sacerdotes y otros ministros de la Iglesia católica que se guarden con cautela de descubrir a todos indistintamente nuestros misterios o con quienes, contentos con la sencillez de la fe, no se imponen el sacrificio de sondear sus profundos secretos. Pero no deben nunca desesperar de encontrar allí la verdad, donde ni todos los que la exigen son capaces de enseñarla, ni todos los que la piden son siempre dignos de aprenderla Dos cosas son necesarias: diligencia y piedad; la primera nos conducirá a los que verdaderamente posean 1a ciencia y la otra nos hará merecedores de adquirida.

Entendamos la gracia de Dios Del comentario de San Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas (Prefacio: PL 35, 2105-2107)

El motivo por el cual el Apóstol escribe a los gálatas es su deseo de que entiendan que la gracia de Dios hace que no estén ya sujetos a la ley. En efecto, después de haberles sido anunciada la gracia del Evangelio, no faltaron algunos, provenientes de la circuncisión, que, aunque cristianos, no habían llegado a comprender toda la gratuidad del don de Dios y querían continuar bajo el yugo de la ley; ley que el Señor Dios había impuesto a los que estaban bajo la servidumbre del pecado y no de la justicia, esto es, ley justa en sí misma que Dios había dado a unos hombres injustos, no para quitar sus pecados, sino para ponerlos de manifiesto; porque lo único que quita el pecado es el don gratuito de la fe, que actúa por el amor. Ellos pretendían que los gálatas, beneficiarios ya de este don gratuito, se sometieran al yugo de la ley, asegurándoles que de nada les serviría el Evangelio si no se circuncidaban y no observaban las demás prescripciones rituales del judaísmo.

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