¡Feliz la culpa que mereció tal redentor!

Abril 2019
¡Feliz la culpa que mereció tal redentor! (Pregón Pascual).

 

“...Así vino; vino como salvador. Murió, 
pero dio muerte a la muerte;  puso término 
en sí mismo a la muerte que teníamos; 
la tomó sobre sí y le causó la muerte. 
Como el mejor cazador, capturó al león y lo mató”.

(San Agustín: Sermón 233, 4)

 

Dios, en su insondable misterio, para salvarnos nos envió a su Único Hijo. Cuando el mundo yacía bajo una profunda obscuridad vino a nosotros la Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Fue abriéndose camino en medio de las tinieblas curando a los enfermos, liberando a los oprimidos, dando de comer a los hambrientos y de beber a los sedientos, dando la vida a los muertos. Cristo, nuestro Vida y nuestra Luz, nuestro Redentor, fue iluminando con su vida, sus acciones y sus milagros todo su entorno. 

Pero las fuerzas de las tinieblas se aliaron y se confabularon contra Él. No querían dejar su poder y su influencia sobre el mundo que habían aprendido a dominar. Y un día tenebroso y lleno de penumbra, un día esta obscuridad se apoderó del mundo y entonces decidieron acabar con Aquél que es la Luz. Con engaños y traiciones, con mentiras y calumnias lo llevaron a la muerte y lo clavaron en la cruz. “Y a las tres de la tarde una espesa obscuridad lo cubrió todo … y Jesús, dando un fuerte grito, expiró” (Mt. 27, 45.50).

Y parecía que la obscuridad y las tinieblas habían vencido a la Luz, la sombra se había apoderado de todo y de todos. El pecado había vencido a la virtud, la muerte había vencido a la vida, la obscuridad a la Luz.

Mas, cuando la noche era más obscura, cuando el dolor y la muerte lo permeaba todo, cuando todo parecía perdido… Dios, que es nuestra Luz y nuestra Vida, nos mostró su Amor, su Luz, su Misericordia venciendo para siempre a la muerte. 

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! La muerte reinaba, el pecado imperaba y las tinieblas lo invadían todo. Y fue entonces que Jesús, que es nuestra Vida, nuestra Luz y la Misericordia en persona, con su Muerte y su Resurrección nos dio la Luz, nos regaló su Vida en plenitud y nos mostró su amor y su Misericordia. 

Cristo, que es la Vida, Resucitó y vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Cristo Vive!