Suyo es el tiempo... y la eternidad.

Diciembre 2018
Suyo es el tiempo... y la eternidad.

 

«Tú dices: ‘Son tiempos difíciles, los tiempos son duros, son tiempos de miseria’. Vive correctamente y cambiarán los tiempos. El tiempo nunca ha dañado a nadie. Los que se dañan son los seres humanos y también los que hacen mal son humanos. Cambia al ser humano y cambiarán los tiempos.»

(San Agustín. Ser. 311,8).

El ser humano ha deseado siempre los cambios, pero paradójicamente ha recibido estos cambios con una cierta zozobra. Lo que significa novedad representa al mismo tiempo incertidumbre y esperanza. Todo tiempo es especial. Hay cambios en el mundo, hay cambios en la Iglesia de Cristo, hay cambios en nuestra patria, y los hay también en nuestra Iglesia diocesana. Y en nuestra parroquia también. Y de todo esto decimos lo mismo: los cambios se anhelan pero los recibimos con alegría y a la vez con incertidumbre.

Damos inicio al último mes de 2018, concluye hoy nuestro año eclesiástico y damos paso a uno nuevo. Diciembre nos llena de alegría y a la vez de nostalgia. Y como preparación al gran acontecimiento del Nacimiento del Hijo de Dios quiero invitarles a todos a poner nuestra mirada en el Niño que está en el pesebre, el Niño que nació de la Virgen, el Niño que siendo eterno como el Padre quiso hacerse temporal por nosotros. Ese Niño que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos. Y contemplándolo pensemos en todos aquellos niños que hoy siguen naciendo desprotegidos, en las calles, y que sufren, pasan frío, lloran. Y hagamos algo a favor de ellos con acción y con oración.

Por último, antes de que el año concluya y poniéndonos bajo el manto de María, Madre de Guadalupe, no olvidemos hacer un momento de silencio para que en nuestro corazón hable Aquél que es la Palabra, y escuchando lo que Él tiene que decirnos disponga nuestro corazón a cumplir su voluntad y hacer de nuestro mundo un mundo más humano, más misericordioso, más justo y más lleno de Aquél que vino a imbuirlo todo de su presencia. Porque Él siendo eterno quiso nacer en el tiempo, e hizo que nuestro frágil y pasajero tiempo se impregnara de eternidad.